domingo 13 de septiembre de 2009

En una tarde lluviosa, leía

¿Cómo puede un instante soportar tantos recuerdos? En el microsegundo que toma saltar de un renglón a otro, desfilan ante mí las formas de lo que alguna vez fui. El cielo crepuscular de las vacaciones de verano, las clases de segundo de primaria, la primera lectura -sobre insectos y obsesiones-, los pasos trémulos a la orilla del mar, el fin del mundo, los Puertos Grises, el amanecer de soledad ausente.

Y vuelvo al texto, sus líneas me llevan po
r otros mares, veranos, temores y amaneceres, a los que otro día, en medio de otras páginas, recordaré tan nítidos y reales como el hecho mismo de que ahora escribo.




jueves 6 de agosto de 2009

Destino

Desde que ya no vivo ahí, la casa de mi madre se ha vuelto una inspiradora fuente de misterios que me encanta visitar. Aunque básicamente no ha cambiado nada, el hogar siempre me descubre cosas que por extraña ceguera nunca ví antes. Entre ellas está la foto siguiente, descolorida, borrosa, que no se dejó escanear. Pero en esa viejísima imagen hallé una posible razón para explicar por qué me aferro a escribir tesis acerca de un león majestuoso, noble y leal que un día se encuentra a un errante caballero.



Sí, yo soy esa cosita insignificante que trepa sigilosa en uno de los leones del Hemiciclo a Juárez y se pregunta por qué la enorme bestia no voltea y se la come. Y el hecho es que todavía soy una cosita insignificante que trata de abrazar una majestuosa fantasía sin saber cómo, y que aún se pregunta por qué no se ha hundido en las fauces de la descomunal empresa. ¿Será, tal vez, destino? Lo cierto es que con el mismo asombro y temor de entonces, continúo soñando en que por un instante la maravilla se alíe conmigo.

domingo 19 de julio de 2009

Fotofobia

Un haz de luz se ha incrustado en mi cabeza. No es la primera vez que pasa. Entra fulminante por el ojo izquierdo, rebota en la base del cráneo y abraza todo el hemisferio.

Creo que cada uno de esos dardos fotónico
s porta una idea descomunal que mi cerebro no alcanza a comprender. Y éste se incendia en vez de iluminarse; lejos de alumbrar se duele en su vacío.

He considerado diversas opciones
para terminar con estos raros fenómenos. Hasta ahora, parece que lo más útil y sensato es prescindir del ojo izquierdo.







martes 14 de julio de 2009

Bienvenido

Ya tiene sus hojas, su lomo y sus erratas. Y pronto caminará por el mundo -bueno, por algunos anaqueles- y tratará de sostenerse con sus virtudes y sus fallas. Sí, a mí me gustan la ficción y el fantaseo, y me habría encantado escribir la gran épica de nuestro tiempo (desafortunadamente aún no pierdo la esperanza de hacerlo). Por extraños y oscuros caminos llegué a la filosofía, aprendí a quererla tanto como a las ensoñaciones y hasta me propuse cantar sus hazañas para que otros también la quisieran.
Este es uno de los resultados resultado de esa confusión y de ese amor, y también de la compañía de personas que siendo mucho más senstas que yo, se han arriesgado a confiar en mi insensatez.
Así, pues, aunque nunca lo hu
biera imaginado, aunque tal vez sea el último, y sea cual sea su fortuna, le digo a este recien llegado "Bienvenido".




Aquí pueden leer el prólogo.

jueves 9 de julio de 2009

Quisiera ser Carrie

Por lo general soy una persona ecuánime, pacífica y hasta sosa (subráyese el "por lo general"). No suelo reír a carcajadas ni llorar a mares. No me pongo verde y rabiosa cual Hulk cuando algo me molesta. No cubro a los que amo de besos y apretujones. No le pego a la computadora cuando no sirve ni reto a Dios cuando no hay internet.
Soy callada, deprimida y sombría. Dejo que los demás hagan de sus vidas sendos papalotes y mando las emociones al estómago. Ahí ellas cavan pequeños surcos o luego corren hasta el cerebro, donde causan cortos circuitos. Esto, digo, es lo que sucede por lo general.
Pero a veces quisiera ser Carrie y levantar tremendas olas de ira destructiv
a. Quisiera mirar con desprecio a los seres enfadosos y flamearlos en ese mismo instante. A los que me pegan en la cabeza en los peseros porque no pueden mirar abajo de sus narices, a los que escuchan música en sonido estéreo a las tres de la mañana, a quienes se estacionan ocupando la calle y la banqueta, a la gente detrás de las ventanillas que en lugar de ayudarte cuchichea con el de al lado, a los que son injustos, a tantos y tantos políticos.
No es que tenga complejo de superhéroe vengador, ni que haya visto demasiados anuncios de "Ordene emperador", o que yo misma no haga cosas por las que merezca arder en leña verde. Tampoco odio a la humanidad. Simplemente sucede que a veces los mosquitos sueñan que son dragones y en una de esas llegan a despertar escupiendo fuego.


* Post inspirado por la cajera del banco que perdió mi tarjeta tributaria, por el cliente que ya no encuentra mi cheque y por todos los centros de "atención" a clientes de Telcel.