viernes, 9 de mayo de 2008

Del discurso y la conversación

No me gusta manifestarme. Cuestión de un problema estético, fantástico y moral que me impide reflejar en mi deslucida imagen al ser temible y feroz en el que siempre he deseado convertirme. (Y de ahí mi obsesión por los imaginarios morales.) Sin embargo, en los días pasados fui parte activa de uno de esos eventos que para mi profesión son elementales, el coloquio.
Fue mi primera vez, y como en todas las iniciaciones de mi vida, fallé con gracia y discreción. Poco aporté y mucho aprendí. Descubrí temas ("Vida civil y contemplativa en Pico", "Cinco carmina de Pico" y el humanismo novohispano), planteamientos ("El filósofo y el teólogo en De hominis dignitate), así como estilos de interpretación y formas discursivas ("Catedrales mágico-filosóficas"), en cuyo estudio y ejercicio desearía internarme por cuenta propia. También me topé con cuestiones que tardarán tiempo en abandonar mi cabeza (porque deben hacerlo).
Pero acaso el hallazgo más asombroso fuera el apreciar cuánto pueden transformarse las artes del discurso y la conversación, cuando su práctica se vuelve objeto de una exposición pública. Por una parte, se gana la brillante sapiencia de personas con quienes jamás se podría sostener una conversación casual, ya porque vienen de lejos, ya porque nos rebasan en pericia y lucidez, o porque ambos factores se suman y el reconocimiento de la distancia nos impide preguntar. Se gana también la admiración, por quienes fueron compañeros de camino y ahora son jefes de batalla. Y, por supuesto, la consolidación del respeto hacia quienes nos guían.
Pero desde otra perspectiva, otros elementos valiosos se difuminan o en los momentos más serios, se pierden. La franqueza sin formalismos, la curiosidad sin sarcasmos, la corrección sin soberbia, y, en suma, la conciencia de asumir juntos una empresa narrativa. Condiciones que muchas veces se alcanzan en las aulas, los grupos de estudio, las discusiones después de clase y hasta en formatos como éste, en el espacio público ceden ante la pregunta que tiende a evidenciar el error, la respuesta defensiva, la erudición innecesaria o el distraído silencio. Será que lo afirmo porque a ratos sentí caer un poco en ello, será que es mi primera impresión, será que, de hecho, las mesas ya no son redondas. La parcial conclusión es que las palabras fluyen de modos distinto en los pasillos, los patios, los cafés, y los elegantes auditorios.
Más no puedo agregar, ya que aún soy aprendiz consciente de ello. Lo cierto es que jamás creí que disfrutaría el manifestarme, y lo hice. Gocé también la pregunta, la respuesta y la rectificación.
Y por si todo ello fuera poco, también moderé: confundí el linaje de apreciada colega; derramé agua, aunque básicamente sobre mí; ni esperanzas de que contuviera la avalancha de preguntas, ¡y casi pongo a Dios al servicio del terror!


5 comentarios:

Anónimo dijo...

He de confesar que desde mi posición de simple especatador expectante, como el que contempla, pero también como el que esperar (espero algún día encontrar valor en algún lugar para pararme, o más bien, sentarme ahí). Lo disfruté muchísimo, algunas más algunas menos, pero al final... muy disfrutable, tanto en sus partes como en su totalidad.

Ahora, definitivamente, mi admiración por ti, que ya era grande, ahora se ha hinchado mucho más.

En fin, que sólo me queda felicitarte por esta primera vez.

¡Gran iniciación!

Ariadna

P.D. Soy de la idea que hubiera sido mucho mejor tu idea de poner a Dios al servicio del terror, y no al revés, como terminó siendo.

Anónimo dijo...

He de confesar que desde mi posición de simple especatador expectante, como el que contempla, pero también como el que esperar (espero algún día encontrar valor en algún lugar para pararme, o más bien, sentarme ahí). Lo disfruté muchísimo, algunas más algunas menos, pero al final... muy disfrutable, tanto en sus partes como en su totalidad.

Ahora, definitivamente, mi admiración por ti, que ya era grande, ahora se ha hinchado mucho más.

En fin, que sólo me queda felicitarte por esta primera vez.

¡Gran iniciación!

Ariadna

P.D. Soy de la idea que hubiera sido mucho mejor tu idea de poner a Dios al servicio del terror, y no al revés, como terminó siendo.

Esponjita dijo...

AY mi querida, linda su perspectiva del asunto.
DUélome mucho de no haber podido asistir a la suya.
Ahora no duermo, corrijo a Agustín. Me prevengo de las barbaridades que puedan preguntarme en el examen.
Pero el lunes regreso a la facultad, al los blogues y al clandestino...

saludines

una esponja agustinada

Víctor Sampayo dijo...

¿Es una iniciación en el mundo de los coloquios? Me pareció más una breve caminata dentro de una pintura. Si me permite, me albergaré algunos días en el hostal para ver qué textos me encuentro deambulando por allí...

Saludos.

Esponjita dijo...

Ya stufas!!!!!
un post, su invitación, y yo leyéndola...................