No he visto todo, ni si quiera mucho, para mí, lo suficiente. ¿Pero que puedo hacer entre tanto con estos ojos abiertos?
Seguir observando...
"Escribo, pues, sobre cosas que ni vi ni experimenté ni supe por boca de otros; por ello, es necesario que los que lean, de ninguna manera las crean."
- Yo creo que esta vez sí se termina el mundo -sentenció la señora y profirió un nuevo elogio al agua de guanábana.Y no recordó, y el agua de guanábana seguía exhuberante y deliciosa. Yo quise hablarle, decirle que le creía; que tenía toda la razón. ¡Al diablo con Víctor y todos los incrédulos! El mundo se termina, y está bien; lo necesitamos, lo merecemos. Pero el sol se tragaba entera a la avenida Nuevo León, el aire era demasiado denso para gastarlo en palabras y el agua de mango sabía tan dulce.
- Yo también -le respondió la dama de mayor edad sentada frente a ella, mientras lanzaba breves miradas a la televisión y a los estragos que dejara el terremoto en Honduras.
- Porque han sido tantas cosas… ¡Mira que no es gratuito!
- ¡Eso mismo le digo a Víctor! Pero, ya vez, tan cerrado él…
- Como toda la gente. Yo les digo y les digo, y ¡nadie me cree! Son muy tontos o tienen mucho miedo. Pero yo sé… ¿Te acuerdas de las profesías que pasaron el otro día en la tele? Las de…
- ¿Nostradamus?
- No… otro…
Yo viajaré hacia Avalon, hacia la más bella de las muchachas, hacia Argante, el hada, un hada bellísima. Ella me curará todas mis heridas, ella me tratará con sus benéficas pociones. Luego volveré de nuevo a mi reino y viviré con mis bretones con gran alegría.¿Qué hay entonces en lo maravilloso que no deja de invitarnos? ¿Qué nos conmueve y atrae pese a la certeza del dolor y muerte? Que a veces las heridas mortales sanan, los autos de fe desvelan la verdad y los héroes cumplen la promesa de volver para salvar el universo.
Layamon, Roman de Brut